Dr. Emilio Santabaya
[ Epidemiólogo - Investigador ]
Ignacio Felipe Semmelweis
flecha naranja  Egresado de la Universidad de Buenos Aires en 1963.
flecha naranja  Matricula Nacional: Nº 29.694
flecha naranja  Ferviente amante e historiador del Tango
 
 
 
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  Golpe de calor, “coup de chaleur”.

Las temperaturas altas, sostenidas en el tiempo, sobre todo las mínimas, mayores a 25° C, pueden producir excesivas pérdidas de líquidos y sales (Na, K, Mg) por transpiración, perspiración insensible, etc. Esto se agrava si se realizan tareas (trabajos) o ejercicios, que exigen esfuerzos físicos importantes, si además consumen diuréticos, medicados o autoindicados, si tienen vómitos y/o diarreas. La/s consecuencias pueden ser pérdida de conocimiento y/o desvanecimiento/s, por caída de la tensión arterial y shock hipovolémico.

El golpe de calor, es diferente, muy distinto, aunque gestado por las mismas causas. Muestra falta de respuesta neurológica, (hipotalámica, eje hipotálamo-pituitaria-adrenal) al exceso de calor, (se pierde la capacidad de adaptación a un medio crítico, de disipar en las noches, cuando las temperaturas bajan, el exceso de calor adquirido durante el día, de homeostasis calórica) seguida de fiebre muy elevada constante, pulso tenso y rápido, piel seca y roja, cefalea y pérdida de la conciencia. Es más frecuente en mujeres mayores (porque coinciden los informes demográficos universales en señalar que alcanzan las extremas edades, superan en casi todas las latitudes del planeta, al hombre en una década) y los ejercicios físicos, la obesidad, el alcohol y diversos medicamentos (diuréticos, hipotensores, sedantes centrales, etc.) lo condicionan desfavorablemente.

Como se observa, si bien ambos cuadros clínicos se asemejan, por su idéntico origen, son muy diferentes en su gravedad, pronóstico y terapéutica.

Mientras el desvanecimiento se recupera en general con líquidos y minerales, habitualmente P.O. (Per os) por vía oral, el golpe de calor es una urgencia grave. Requiere enfriar al paciente con urgencia, reponer sales, (si está consciente) en bebidas y alimentos. No pocas veces internación. La piel está caliente, roja y seca, la fiebre es alta y muy alta, que supera los 40° C, el pulso es rápido de 160 y más, también aumenta la frecuencia respiratoria. El cuadro puede durar horas o días. Sigue luego la desorientación témporo-espacial, convulsiones, pérdida de conciencia, colapso y muerte o sobrevida, no pocas veces con daño cerebral permanente.

Son concausales, que pueden agravar os hechos, la mayor edad, el sexo (más frecuente el femenino, por ser mayor la población en las postreras edades), el consumo de diuréticos, hipotensores, el uso de alcohol, la inmunodepresión, etc.

El tratamiento debe intentar disminuir rápida y drásticamente la temperatura hasta los 38,3° C no más, por el riesgo de hipotermia, controlar las convulsiones con barbitúricos o diazepan (evitar morfina u otros sedantes centrales). Reposo hasta su recuperación.

Nota aclaratoria:

Aún hoy, las autoridades de salud y los medios audiovisuales, sobre todo éstos, designan como golpe de calor a las temperaturas altas. (La confusión nace del mal uso del idioma, que designa así el agobio, acaloramiento, por las mayores temperaturas). Esto no es real.

La investigación realizada mediante una observación minuciosa realizad en el siglo pasado de todos los periodos de canícula capitalinos (datos que fueron facilitados por la Biblioteca Metronómica, donde constaban las temperaturas máximas, mínimas, humedad ambiente, etc. A partir de 1870 aprox. corroborados con los diarios de entonces) sólo indicaban dos momentos equivalentes. A comienzos del siglo XX, mediados de enero del 1900 y 30 de diciembre de 1972. En ambas circunstancias se produjeron tantas muertes en un día, como habitualmente acontecían en la semana anterior o posterior.

Las consecuencias del primer evento, fueron recogidas de los diarios de la época. Se informaba, que fueron abarrotados los cementerios, no había lugar dónde dejar los cuerpos de las víctimas y los depósitos “ad hoc” resultaron insuficientes, etc.

Con estos antecedentes el Dpto. de Epidemiología de la Escuela de Salud Pública, Facultad de Medicina, Universidad de Buenos Aires, dirigido por el Prof. Carlos Urquijo, inició el mismo día la investigación (fue el último estudio epidemiológico que él dirigió) en la Guardia del Hospital Alvear, cerca de la medianoche. Allí vimos con el querido maestro los primeros casos y de inmediato se adoptaron las iniciales disposiciones, así como, se esquematizó el plan de trabajo.

El día 30 de diciembre habían fallecido en la ciudad de Buenos Aires 500 personas, en su mayor parte mujeres, ancianas, la misma cifra que en toda la semana anterior y aproximadamente también en la posterior. Se saturaron los servicios de urgencia hospitalaria y luego los cementerios (no hubo forma de realizar las inhumaciones, por las funerarias y las oficinas del registro civil) cuyos depósitos no estaban preparados, como tampoco hoy, para recibir tantos cadáveres y conservarlos refrigerados.

Participamos los Dres. Oscar A. Hauvillier, Norma Sobel, Norma Del Punta y el suscripto, (que sucedió al mencionado Urquijo en los cargos citados, interinamente a fines del 1975 y definitivamente a partir de 76, confirmado luego por sucesivos concursos). La investigación se extendió todo 1973, 74 y parte del 1975, cuando aún se corroboraban datos.

El Hospital Muñiz recibió un alícuota de los cuerpos (aproximadamente 50) para ser autopsiados por el Prof. Oscar Croxato (el patólogo probablemente más reconocido en el país y en el exterior, por entonces). Al Instituto Malbrán se enviaron un duplo de muestras (más de 100) con el fin de descartar distintas encefalitis y otras virosis, que estudió el Dr. Alberto Pfeiffer, jefe del Dpto. Virus. En los registros civiles se examinaron todos los certificados de defunción, de la fecha y también de la semana anterior y la posterior. Causas últimas y causas anteriores predisponentes. También las historias clínicas, de cada uno de los difuntos y se hicieron muestras de los asistidos por guardia en los hospitales donde fue mayor la mortalidad (todos los actuales de agudos, incluyendo Alvear y Rawson).

La hipótesis habitual (la explicación, menos científica) relacionaba los hechos con la/s temperaturas máximas. Sin embargo, lo acontecido sólo era observado cuando la mínima se mantenía durante varios días, por encima de los 25°C. Siendo ésta la única circunstancia, que se reiteraba (el riesgo atribuible) relacionada con los hechos. No sucedía lo mismo si las mínimas eran inferiores. Tampoco importaba que hubiera picos importantes de máxima, que los hubo en distintas ocasiones, por encima de los 40° C. O porcentajes de humedad relativa altos.

Estas conclusiones fueron recogidas en 1974 y 1975, por Morbidity and Mortality, publicación mensual de la O.M.S. y también por Weeckly Report, semanario de la O.M.S. que refiere los hechos epidemiológicos relevantes del período (la incidencia) y hace análisis crítico (y sumatoria) de las prevalencias. Lo manuales Merck, desde entonces comenzaron a describir clínicamente así los hechos.

Patria

Anhelo de ser en sus habitantes. Ideal de alcanzar los mayores bienestares políticos, sociales, económicos, culturales, para la comunidad, sin ningún tipo de discriminaciones, el mismo destino. En un marco de igualdad, equidad y justicia.

Sentir vergüenza y pudor común ante las agresiones, los agravios, las humillaciones.

Si la unidad moral alienta a sus habitantes a objetivos comunes de recíproco respeto a los valores generales, regionales y de grandeza, se logrará la dignidad de patria. Entonces ése territorio podrá aspirar a ser una nación.

La unidad de principios éticos impulsó a los patriotas de Mayo a los mayores objetivos. Con sus precariedades, imprevisiones, limitaciones. Con los errores propios de enfrentarse a intereses locales (Paraguay y el Alto Perú). (Que más tarde, padeció frente a intereses de regiones defendidas por sus caudillos, hacendados prestigiosos, devenidos en militares, que con sus torpezas defendieron con uñas y dientes sus terruños, entorpeciendo la organización nacional).

Así nació el concepto y la dignidad la patria. También así pudo convertirse en Nación, esparciendo su grito de libertad por la América hispánica.

La sola ambición de tener, disponer, (conquistar) o aumentar tierras o bienes no hace a un país. Menos una patria. Fenicia, Cartago y la Roma imperial y hoy EEUU los tienen. Aquellas fueron y se asemejaron a empresas. Las actuales son sumatorias de corporaciones empresarias, sin verdadero significado colectivo. Sólo exaltado por los fundamentalismos nacionalistas (falsos), los religiosos y los militaristas.

Argentina pretende salir una grave crisis de disolución, elusión y evasión de responsabilidades. La venalidad de los funcionarios y representantes del poder, ha hecho de nuestra ciudadanía, habitantes de un territorio.

Durante los últimos tres lustros la corrupción, una patología habitual entre nosotros, pasó del estado de endemia, con frecuencia controlada de situaciones anómalas a una inusitada variedad de calamidades. Una peor que otra.

Todos cuantos viven aquí sin trabajar conscientemente para el mismo, tiene corresponsabilidades sobre lo acontecido, en el sector público. Como también sobre el privado. (Se mezclan y se hacen cómplices ambos sectores en la/s horribles consecuencias que afectan a los argentinos). Sobre la sucesión de calamidades producidas desde el poder. por acción e inacción. Por haber definido y aceptado políticas que produjeron la destrucción de macro y micro empresas y haber arrojado a la calle sin seguro de desempleo, a más de 4 millones de trabajadores, entre 1991 y 1998 ( con lo cual 15 millones de personas se hundieron en la indigencia). Esto nos asemeja a una sumatoria de corporaciones e intereses, militares, religiosos, sindicales, financieros, económicos, etc. opuestos a los verdaderos objetivos de los otros argentinos que reclaman a viva voz, justicia, educación, salud, trabajo, seguridad, servicios dignos y eficientes, etc.

Prof. Emilio Santabaya.

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