Dr. Emilio Santabaya
[ Epidemiólogo - Investigador ]
Ignacio Felipe Semmelweis
flecha naranja  Egresado de la Universidad de Buenos Aires en 1963.
flecha naranja  Matricula Nacional: Nš 29.694
flecha naranja  Ferviente amante e historiador del Tango
 
 
 
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  El bebé, 1990.

Como en todas las maternidades la alegría y el alborozo se percibían en el ambiente y no era infrecuente encontrar la mirada del otro, desconocido, desconocida, sonriendo de gozo por ser padre, abuelo/a, tío/a, aunque estas posibilidades correspondieran a amigos o conocidos o desconocidos.

Frente a Nursery, una amplia ventana con cortinas abiertas exponían una cantidad de pequeñas cunas con recién nacidos y más atrás, a otros tantos niños en incubadoras, con luces especiales. Vigilados constantemente por diversas enfermeras, atentas a todas y cada una de las indicaciones correspondientes. Todos los bebés en su muñeca izquierda tenían una pequeña cinta de colores vivos, identificatoria con el nombre.

Los visitantes rotaban en forma continuada. Uno de estos era Martín, que recién llegado, con un hermoso ramo de rosas amarillas, hizo señas a la nurse para que le señalara donde estaba su bebé. Al verlo dudó. Descreyó. Supuso un error, insistió. La reiteración de la empleada lo demudó, desconcertó.

Sin esperar más, fue hasta la habitación donde descansaba su esposa. Entró mal, sin pensar, si estaría o no acompañada. Lanzó el ramo sobre la cama y dijo:---¿Cómo es posible, que ése chico sea rubio y de ojos claros? ...y continuó... insistiendo en ambos detalles, incomprensibles para él, moreno, de cabello negro, ondeado pequeño, docilizado diariamente por algún ungüento aceitoso.

Ella, bonita, de hermosas facciones, delicadas, a pesar de tener su rostro ligeramente abotagado, de piel mate, ojos pardos, nariz pequeña y boca proporcionada, con dos hoyuelos a los lados, cabellos castaños claros como melena, recogidos con un broche. Sus hombros desnudos, cubiertos apenas por un camisón con transparencias, volados y pasacintas con gran escote en V, de color marfil, que contrastaba con la luz del ambiente que llegaba desde el exterior atenuada por unas cortinas de vual, al mediodía del verano. Le miraba en absoluta calma, plácida, sin la menor emoción. Por instantes bajaba la vista y enseguida le seguía observando, mientras él se desplazaba a zancadas alrededor de la cama y agitaba sus manos queriendo expresarle algo.

Cuando observó que él se detenía unos momentos, le dijo: ---¿Qué esperabas?

Martín sorprendido, se cristalizó largos segundos y lentamente, respondió:---Porqué?

Su esposa ahora bajó la vista, mientras con enorme cuidado comenzó a rehacer el moño de los pasacintas de su camisón bordado. Cuando hubo concluido, le miró y sin agresión, ni cariño, le dijo:--- Es nuestro hijo. Es suficiente.

El atinó a sentarse, al hacerlo reparó que allí había una tía de ella, bajita, muy pequeña, que muy quieta había presenciado su intromisión, su intempestiva reacción. Les miraba atónita, por su edad, muy mayor, casi suplicante, se puso con esfuerzo de pie e insinuó irse. Guillermina con un ademán de su mano la detuvo y le hizo sentarse y retomar la lectura de un libro que tenía en sus manos. Luego sonriendo, con ésa hermosa sonrisa que enmarcaban los holluelos, le reiteró:---No es verdad?

Martín, estuporoso, entreabrió sus labios, parecía que hablaría, era su desahogo, pero sólo dejó escapar, aire.

 
Aquí encontrarán una serie de relatos en forma de cuentos basados en hechos o situaciones ocurridos a lo largo de los aņos.
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