Dr. Emilio Santabaya
[ Epidemiólogo - Investigador ]
Ignacio Felipe Semmelweis
flecha naranja  Egresado de la Universidad de Buenos Aires en 1963.
flecha naranja  Matricula Nacional: Nš 29.694
flecha naranja  Ferviente amante e historiador del Tango
 
 
 
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  1949, Carnavales.

Llegaban los carnavales y Tito Benegas se acercó al padre de Nito para pedirle que lo autorice a salir con él y otros amigos. Lo insólito es que éste apenas tenía 14 años y aunque de talla los igualaba, todos eran mayores y Tito exactamente le doblaba la edad. La simpatía de Benegas por el adolescente se vinculaba a sus afinidades por los estudios, Tito se graduaba de abogado en el año siguiente y el pequeño era como él frecuentador diario de la Biblioteca Nacional de la calle Méjico. Que dirigía entonces Gustavo A. Martínez Zuviría (Hugo Wast, un escritor controvertido por sus publicaciones antijudías).

El propósito de la pandilla y su jefe, era concurrir a un antiguo lugar, otrora hotel, con unos enormes jardines contiguos, con glorietas, muy apreciados por su belleza y esplendor, que en los albores del siglo fuera frecuentado por la "high sociaty" porteña y sus funcionarios más conspicuos. Que arribaban en sus carruajes tirados por caballos, con fines de solaz y otros no bien explícitos, aunque comprensibles.

Confitería después, llamada "Las Delicias", estaba situado en el camino a San Vicente, frente a la ruta, poco después de superar Adrogué. Era un ámbito de ensueño, hermoso cuando hacía buen tiempo por la profusión de flores y plantas, que generaban en el ambiente calma, encanto, perfumes tanto en la aurora como en el ocaso. En la noche la discreta iluminación de sus senderos como de la explanada que se utilizaba para el baile cercada por flores, hortensias y crisantemos, le daban intimidad y le conferían asimismo una calidez que no todos comprendían.

Su edificación de estilo barroco italiano, mínima en proporción al terreno, ocupaba un espacio rectangular paralelo al frente, situado a unos cien metros del mismo, era amplia para pernoctar cuando funcionaba como hotel y podía recibir varios huéspedes. Concurrían personas invitadas y sólo ellas. Esto limitaba el acceso a advenedizos. (Cómo logró Tito la invitación lo ignoramos).

La música que no era estridente, se expandía desde el edificio por parlantes, a partir de grabaciones.

Los jóvenes debían concurrir de traje y corbata, como habitualmente se estilaba entonces, en todo ámbito social que se precie. Las damas de largo, excepto las disfrazadas que podían hacerlo con trajes muy recatados, diría seleccionados. Todos podían usar antifaz. Tanto que junto a la entrada los ofrecían por nada. En los senderos que iban desde la entrada hasta la casa dispuestos como un laberinto, limitados por cercos altos de 2 m. de crataegus muy cuidados, amplios de más de 2 m. de ancho había mesas, separadas unos diez a quince metros entre si. Se podían consumir diversas bebidas alcohólicas incluso importadas. El problema era para el más joven, sólo había soda. Agua gasificada.

Habían llegado temprano, 21 horas, hacía muy poco, desde las 20 que arribaron los invitados. La idea fue de uno de los muchachos, pero tuvo inmediata aceptación en el grupo, complicidad. Se propuso que el que lograra invitar a bailar a un "loro" o alguien con atuendo ridículo, no pagaría su vuelta de consumición, que se extendía dos horas. La broma estimuló el esmero de todos, especialmente los más jóvenes, que debía ser destacado. Pero de pronto, mientras un vals suavemente estimulaba con sus cadencias el movimiento de las parejas, apareció Nito bailando con una dama.

Tito y Gustavo que no habían participado del conciliábulo aunque compartían el acuerdo, observaban atónitos, petrificados, que no era una joven, sino una señora, deducían madre de alguna de ellas, que se desplazaba con un garbo singular al son de la música. De talla apreciable, más de 1,65m. delgada, vestida como todas espléndidamente de largo, con un vestido de gasa blanca, con faldas muy amplias, con un estampado claro de flores muy delicadas verdes, con un fondo oscuro del mismo tono. Cubría sus hombros y el escote con un saco de mangas cortas sin cuello, de terciopelo oscuro que llegaba a la cintura y cerraba por su extremo superior con un broche brillante. Con el cabello oscuro, que apenas contorneaba su rostro, tenuemente pintados sus labios, se ocultaba con un antifaz de tela blanco. Era bellísima. Si bien no podrían estimar su edad, apenas pasaría los cuarenta años. No obstante, era una reina o al menos para ellos lo parecía.

Los "jefes" de la pandilla no podían dar crédito a su visión. Tanto que se miraban entre si mientras regresaban con su mirada al adolescente, que flotaba con la misma en sus brazos, luciendo en cada vuelta la amplitud de sus faldas.

Había dos pistas de baile. La exterior que carecía de luz directa, le llegaba desde el interior de la edificación o los jardines. Tenía forma semicircular y era una prolongación del edificio, hacia el norte. Constituía habitualmente un espacio donde los huéspedes o visitantes se reunían alrededor de mesas durante el día o por la noche para compartir una colación o una copa. Antaño cuando era hotel, era el lugar del almuerzo y de la cena. Estaba construida a 30cm. sobre el nivel de los senderos cubiertos de gramilla y los jardines contiguos. Revestida por mármol blanco con guardas hacia los bordes, el tiempo lo había desgastado, pulido, no obstante se percibía su solidez y belleza. La mitad de la explanada en la parte posterior tenía una robusta baranda revestida de mármol, con balaustres intermedios, semejante al piso.

Cuando el clima no acompañaba, se habilitaba y utilizaba la pista interior de parquet de roble de eslavonia, soberbia, aunque más pequeña y muy iluminada.

Concluido el vals, siguió otro y otro, cuando inexplicablemente, sin entender porqué, Tito y Gustavo observaron que "la reina", sus faldas al viento y Nito perdían pie y caían aparatosamente de espaldas sobre los crisantemos. La conmoción por lo inusitado, hizo que todos dejaran de bailar y acudieran prestos, como también los observadores a ayudar a los "accidentados". Fue al aproximarse cuando los amigos vieron sin antifaz a la señora y corroboraron sus bonitos rasgos y su excelente humor, que atribuía todo a un resbalón. Nito que jamás enrojeció en su vida, estaba pálido, azorado, sin palabras, mudo de vergüenza, mientras aquella lo consolaba. Allí le confirmó que estaba con su hija y su nieta, a las que presentó. Que luego bailaron con él. Incluso en los días sucesivos. La pandilla no aceptó que aquél quisiera pagar su soda.

 
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