Dr. Emilio Santabaya
[ Epidemiólogo - Investigador ]
Ignacio Felipe Semmelweis
flecha naranja  Egresado de la Universidad de Buenos Aires en 1963.
flecha naranja  Matricula Nacional: Nº 29.694
flecha naranja  Ferviente amante e historiador del Tango
 
 
 
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  Las ideas de libertad, en la revolución de mayo de 1810.

I).Las ideas de libertad, en los residentes de la aldehuela de Santa María de los Buenos Aires, por el mayor flujo de las comunicaciones y el conocimiento, hacia el final del siglo XVII. A partir de los hallazgos, escritos y estudios de René Descartes, Blaise Pascal, Galileo Galilei, Michael Hugghins, William Harvey, Miguel Servet, Isaac Newton, Gottfried Leibnitz y otros. Como también luego en el siglo XVIII, por pensadores como John Locke, Francois Fenelón, Robert Turgot, Francois-Marie Arouet (Voltaire), Charles Louis Secondat (Montesquieu), Jean J. Rousseau, Denis Diderot, Jean A. Condorcet, que contribuyeron a alimentar los nuevos objetivos y dieron solidez a los contenidos.

Adam Smith, Francois Quesnay, David Hume, atizaron el fuego, en lo histórico, económico, político, cultural y social. Todo esto, promovido por los enciclopedistas, se acrecentó con los sucesos políticos que acontecían en Europa.

La Revolución Francesa, si bien atacó los privilegios de la nobleza, despertó en la burguesía tantas apetencias, como intereses, y justificó también la corrupción, el contrabando y otras liviandades, que existían desde antes.

No obstante, así se desplomó, destruyó, la economía feudal. Que fue reemplazada en Francia. Temporalmente, como veremos. De un parto distócico, nácía la hegemonía burguesa y con ella la aparición del capitalismo y la permisividad, para facilitar su desarrollo. Contemporáneamente, con la naciente revolución industrial inglesa. Así se limitaron los derechos del feudalismo anterior y aparecieron los de la nueva clase. (Como en tantas otras revoluciones posteriores, incluso en la soviética).

España, pretendió en principio, oponerse a la misma, sobre todo al avance de sus ideas (en las aduanas y en los transportes hacia las colonias hispanoamericanas, hubo explícitas normas). En tanto, en la metrópoli, eran un revulsivo el Contrato Social y también los comentarios de fray Benito Feijoó, que de alguna forma llegaron a América.

Además, jóvenes criollos, como Manuel Belgrano, se habían formado con las lecturas de Adam Smith, Gaspar de Jovellanos, Francois Quesnay, José Rodríguez de Campomanes. Lo decía el primero en el Consulado: “ …toda riqueza que no tiene su origen en el suelo, es incierta”. También, Mariano Moreno como Bernardo de Monteagudo, habían abrevado en Rousseau y Montesquieu. De Jovellanos, tomó Belgrano la idea de las escuelas agrícolas y la enfiteusis y de él, siguieron otros.

Cuando se juzgó a los alzados en 1809, en Chuquisaca y en La Paz, el mariscal Nieto, realista, alude como delito a la lectura de estos autores. Como si los mismos constituyeran libelos alentadores de la rebelión. La revolución francesa le ofrecía al mundo, su fraterno apoyo y España era enemiga de esto.

Francisco de Miranda*, un venezolano ilustre, sin ninguna duda, “el precursor de la libertad y los derechos en hispano-américa”, por edad y por su actuación en las cortes europeas, estaba con aquellos.

* Luchó junto al marqués de Lafayette, por la independencia estadounidense. Fue general de los ejércitos napoleónicos y su nombre está grabado en el Arco de Triunfo, erigido en París para homenajear a sus héroes. Su estatua en el campo de batalla de Valmy, está situada frente a la del mariscal Kellermann. Además, fue coronel del ejército ruso.

La condena a muerte de Luis XVI, determinó la guerra de ambos países y la consecuencia inmediata fue la crisis de las colonias. El virrey Arredondo, avisado desde la península, agravó las cosas con sanciones y censuras, a todo aquél que por palabras o hechos, adhiriera a aquella. (Algunos negros esclavos y otros, extranjeros fueron sancionados). A uno, Antonini, lo castigaron con tormento, para obtener sus confesiones, por tener consigo un pasquín “Viva la libertad”. A otro, correntino, Juan Díaz, le condenaron con 10 años de prisión, en las islas Malvinas.

Un sacerdote, Francisco Suárez y Vitoria, expresaba en las Universidades de Salamanca y Coimbra, “…que la autoridad, llegaba de Dios al pueblo y de éste a los dirigentes. Si los mismos, no atienden al bien común, se convierten en tiranos. Entonces los pueblos pueden resistir esto y alzarse para reasumir el poder”.

Con estos conceptos nacía, la doctrina del origen democrático del mismo. El rey de Escocia James I, se quejó de estas enseñanzas y pidió a Felipe III de España, que prohibiera a Suárez sus expresiones y actividades. Porque así ningún rey estaría seguro en su trono.

En tanto, en el lejano virreynato del río de la Plata, en la universidad de Córdoba, se dictaba una disposición, que prohibía explícitamente el ingreso, de quienes hubiesen estudiado con material proveniente de Suárez y Vitoria.

En el interín, las colonias inglesas de norteamérica, como las españolas del norte, de una u otra forma se liberaron. En los comienzos de la guerra, ni el mismo George Washington, pensaba en la separación de la metrópoli, sino en lograr la autonomía de la misma.

La tensión generada por estos acontecimientos, llegada a España, produjo su adhesión y el conde de Aranda de acuerdo con Francia, enviaba recursos y pertrechos bélicos, hasta el final de 1783.

Sin embargo, como las acciones bélicas se desarrollaron en el Caribe y en el sur de norteamérica, las colonias hispanoamericanas no se hicieron eco. En tanto, España recuperó Menorca, pero no Gibraltar.

El virrey Juan José de Vertiz, con muy escasos recursos se preparó para la probable contienda, tanto en Buenos Aires como en Montevideo. Todo esto repercutió en los gravámenes fiscales y en las aduanas.

En el río de la Plata, Manuel Belgrano supo de las luchas en norteamérica y de la carta de despedida de Washington. La destruyó luego de Tacuarí y luego la rehizo con su médico el Dr. Redhead. Así llegó en 1813 a la Imprenta de Niños Expósitos. Otros autores como Hamilton, Jefferson y Franklin, también fueron conocidos por los porteños.

El tratado de 1796, de San Ildefonso, firmado en Basilea, que concluyó con la guerra entre España y Francia, por influencia de Manuel Godoy, el “príncipe de la Paz”, favorito y amante de la reina María Luisa, mostró que los enemigos de ayer fueran nuevos aliados. Por entonces la corte peninsular, evidenciaba una horrenda corrupción, por sus mezquinos intereses y su enorme decadencia.

Napoleón Buonaparte, general de artillería, ungido 1er. cónsul en 1799, supo entender enseguida las posibilidades económicas y de gloria personal, que ofrecían Portugal en principio, España luego y las colonias de América del sur. Invadirlas en ése orden, determinó su plan de acción. Que puso en práctica en cuanto aquietó sus litigios del este.

Los esfuerzos conjuntos de Francia con España, culminaron con su unión naval, contra Inglaterra, para caer ambos en la batalla de Trafalgar, (frente a Cádiz) el 21 de octubre de 1805. Esto determinó que ésta última, quedara dueña de los mares. Dueña del comercio internacional. Su objetivo soñado, estaba a la mano.

Luego de la paz de Tilsit, de julio de 1807, Napoleón intimó a Portugal a cerrar sus puertos al enemigo. A pesar de lo cual, en octubre, con la misma excusa, el mariscal Junot cruzaba los Pirineos hacia allí, para continuar repartiendo entre ambos, los territorios centrales y de las colonias respectivas. Este fue el tratado de Fountainbleu.

Un hecho banal, una riña, un incidente impensado, quizás para el invasor accesorio, en Aranjuez, determinó en la península ibérica un alzamiento popular que se generalizó y Godoy fue detenido y perdió sus atributos y prerrogativas. El rey Carlos IV aturullado, abdicó en favor de su hijo, Fernando VII. Estos hechos le cayeron de perillas a Napoleón, que se liberaba así de los Borbones.

Ambos, Fernando y su padre, fueron orientados con excusas por su ministro Savary a Bayona, en la frontera, “para negociar con los franceses”. Ingenuamente, también, quedaron detenidos, para concluir abdicando ambos en favor de un hermano de aquél, José, apodado “Pepe botella”.

Los devaneos, la corrupción, semejante a la anterior, abusos, expoliación al pueblo, requiriendo víveres y alojamiento para los invasores, precipitaron su final.

Esto fue conocido en Buenos Aires, y en las otras colonias hispanoamericanas, luego de las invasiones inglesas y la capitulación de Whitelocke, por el marqués de Sassenay. El poder, estaba aquí en manos de D. Santiago de Liniers. Al tomar conocimiento de los hechos y su extrema gravedad, los españoles residentes se convulsionaron, y comenzaron a medrar en contra de éste.

En la metrópoli en tanto, aquél hecho trágico, de extrema violencia, contra simples labriegos, acaecido el 2 de mayo de 1808, devino en sucesivos levantamientos populares. Por más tropas y mariscales veteranos, Murat, Masséna, Lannes, Augereau, Lefëvre, Soult, Dupont, Junot y tropas, incluso la “grand armeé”, con el emperador al frente, no pudieron evitar que todo el pueblo español se alzara.

Murieron entre 215mil y 375mil, entre milicianos y militares. Las consecuencias inmediatas fueron las enfermedades y la hambruna, de 560mil a 885mil, fueron las víctimas totales. Sobre todo en Andalucía, Extremadura y Cataluña.

Al carecer de un ejército, España enfrentó al invasor con guerra de guerrillas, lo que ulteriormente se denominó la guerra asimétrica, donde grupos pequeños, baqueanos en los terrenos, hostigaban y atacaban a los ejércitos para desaparecer de inmediato, validos de sus conocimientos del lugar.

Al concluir la misma, tras cuatro años, con la retirada y derrota de las fuerzas imperiales, y producidos los hechos que llevaron a Napoleón al exilio en Santa Elena, el mismo fue interrogado por el escritor Ronald Frazer. Diría y escribiría entonces en el prólogo del libro, ¨Esta maldita Guerra¨ del mismo. (“Esta maldita guerra de España”).

Los habitantes de la península, hicieron propia la frase de Horacio: “Dulce et decorum est pro patria mori”. Dulce y honorable es morir por la patria. Y otra que posteriormente al homenajearlos, pronunciara Emilio Castelar, presidente de la República española: “Las naciones que olvidan los días de sacrificios y los nombres de sus mártires, no merecen el inapreciable bien de su independencia”.

II). Inglaterra, en pleno comienzo de la revolución industrial, basaba el desarrollo de su comercio internacional, luego de la batalla naval de Trafalgar, en la que venció a franceses y españoles, en su poderío naval. Sus ambiciones por las posesiones españolas, se habían puesto en evidencia. Así ingresó en la guerra de sucesión hispana, esto se avizoraba a partir del armisticio anglo-francés de 1711. También se interesaba sobre las pesquerías francesas de Terranova.

Pero es Lord Lexington quién en 1713 pide en Madrid privilegios singulares para los súbditos de su majestad británica en las posesiones del Caribe. Algo que ya Guillermo III al negociarse la paz de Ryswick, propuso a su ministro Pórtland. Que intercediera ante Francia con el fin de repartir las Indias españolas o los permisos de/para comerciar.

Luis XIV, “el rey Sol” sin su primer ministro, por fallecimiento de Mazzarino, ya lo había contado. Es que la “rubia Albión” cambiaba su política exterior. No eran los reyes los propietarios o dueños del lugar, según el derecho público europeo, sino los beneficiarios de la explotación. Como dijera Voltaire, “Inglaterra no sólo hacía la guerra, sino que dictaba las leyes que debían regir en Europa”. Esto era producto de la evolución constitucional de la corona.

Tras la paz de Utrecht, Inglaterra arrebató a Francia todas las posesiones allende el Atlántico, en América del norte. A España, le quitó Gibraltar, Menorca y Puerto Mahon. Mediante el asiento, España les concedió el derecho de importar negros, por los que pagarían teóricamente una contribución al rey. Además, le permitió establecer factorías (¿satrapías) en el Plata y Buenos Aires, por treinta años.

La compañía inglesa, retuvo así todos los privilegios en sudamérica. España en su caída, no sólo perdió territorios, sino también al igual que Francia, poder. El poder imperial que había detentado por siglos. A pesar del Pacto de Familia, que alternativamente unieron y desunieron a sus reyes, los Borbones. Para mal de ambos y beneficio inglés. Tan malo resultó éste, que un revolucionario francés como Mirabeau, concluyó por traicionar el pacto de familia.

Con Carlos III, recién se inicia la recomposición del poder español.

En el virreynato del río de la Plata, Buenos Aires, en tanto expulsaba a los ingleses de la Colonia del Sacramento y de Malvinas.

En el tiempo, España resultó ser la víctima de las disputas entre los poderes de Francia e Inglaterra. Contribuyeron a ello, la pésima conducción real, de Carlos IV, unida a la corrupción que exhibía y fomentaba, Manuel Godoy, el favorito y amante de la reina. Este deterioro, no lo logra recuperar durante la guerra por su independencia contra Napoleón.

La corte observa estuporosa, cómo paulatinamente su adversario, sin necesidad de sojuzgar a sus colonias, las somete por procedimientos económicos o financieros, imponiéndoles sus leyes, que siguieron durante el final del siglo XVIII, el XIX y luego hasta el XX. (Ver revolución Industrial).

La corte hispana, en tanto, zozobraba con el monopolio económico, en manos de Godoy, el laureado príncipe de la Paz, que compensaba a sus oponentes con las “joyas de la corona”, territorios apetecibles, para congraciarse con los mismos. Es evidente, que cuando median intereses comerciales poderosos y se carecen de suficientes fuerzas para sostenerlos, sólo le quedaba negociar. Pero las cesiones de éste a sus adversarios, resultan incomprensibles. Los sucesos de Bayona y el alzamiento del 2 de mayo de 1808, precipitaron los hechos. Los enemigos de ayer se convertían en aliados políticos y económicos. Absolutamente insólito.

Aquéllos iban por todo. En nombre del libre comercio. Un mínimo desarrollo industrial, le permitió a Inglaterra ofrecer manufacturas diversas. En cambio España no disponía de nada. Trafalgar, había resuelto la disputa. Así quedó inerme, con su cuello desnudo, a merced del/los verdugo/s.

Inglaterra persistió coherentemente, con ésta postura ideológica con su primer ministro, el viejo Pitt y luego, con el nuevo Pitt. En tanto, compraba voluntades de lugareños, como también de los americanos que visitaban Europa.

Sin embargo, luego de 4 años de durísima lucha, La Junta Central, con muy poco auxilio inglés, pero con gran convicción y patriotismo, logró expulsar al invasor francés. A pesar del intenso saqueo, que tanto los invasores, como los ingleses, realizaran sobre los recursos naturales de la península. Así lo refería Lord Wellesley en carta a Villiers y el propio canciller inglés Lord Castlereagh lo corroboraba.

El convenio de 1809, que le otorgaba a Inglaterra, franquicias comerciales, a cambio de la apertura a sus productos, hizo que se jerarquizaran Río de Janeiro, donde el Imperio lusitano se afincara, por la invasión de su país y Buenos Aires, los lugares elegidos para ése fin. La llegada del nuevo virrey, a ésta, D. Baltasar Hidalgo de Cisneros, destacado marino, con una seria lesión auditiva recibida en Trafalgar, facilitó las cosas. El fue quién medió para dar acceso a todo cuanto llegaba. Así lo aseveraba el “Star” de Buenos Aires. Fueron comprometidos en la gestión, las instituciones, (el Cabildo, el Consulado) y especialmente los hacendados.

El pensamiento rector de la revolución de mayo de 1810, cuestionó estas franquicias, porque por ellas fueron dañadas las incipientes industrias locales, textiles, de cueros y viñedos, que poco menos que desaparecieron. En las provincias, la crisis fue aún peor. La agricultura, suficiente para abastecer las necesidades de sus habitantes, se volvió insuficiente, y hasta hubo que importar harina para hacer pan. Sólo sobrevivieron sin penurias los ganaderos de Buenos Aires.

Las noticias del desbande, disolución y captura de algunos miembros de la Junta Central de Sevilla, llegaron a Buenos Aires entre abril y comienzos de mayo del mismo año.

Los “partidos, agrupamientos o simpatías” existentes por entonces en la pequeña aldehuela, eran: El Carlotista, (que adhería a la princesa Carlota de Borbón, hermana de Fernando VII, al que apoyaban Juan José Castelli, Manuel Belgrano, primo del anterior, Nicolás y Saturnino Rodríguez Peña, Antonio Luis Berutti, Hipólito Vieytes, e incluso algunos otros en interior. El temor a padecer a la corte de Braganza, que residía en Brasil y sus tortuosos manejos políticos, los disuadió.

El Independientista, de Martín de Alzaga*, héroe de la resistencia, en la segunda invasión inglesa, quién planeó un golpe de estado en octubre de 1808, que se postergó al 1 de enero de 1809. Lo había anticipado durante la Junta de Guerra de 1807: “Plantar en Buenos Aires, la bandera republicana”. Lo integraban sólo españoles. Se oponía al mismo, Cornelio Judas Tadeo Saavedra, comerciante, nacido en Potosí, designado coronel de milicias y primer jefe de regimiento de los Patricios (hijos de la tierra).

*La revuelta gestada por Alzaga, nació en él como idea, luego de la invasión de la ciudad por los ingleses, con Beresford. Como también, su encono y resentimiento, contra el entonces virrey, Sobremonte. Para peor, éste al producirse la toma, sin rumbo, ni ideas, no atinó a cumplir ningún rol. Tiempo atrás, había licenciado a las escasas tropas y las milicias, por sus coste. La caída de Montevideo, precipitó la reacción de las autoridades locales. Que dudaban entre la destitución del mismo y su reposición. Pero, ni la corte, ni la junta central, podían pensar en ello (estaban abocadas a otros menesteres, entre ellos, no menos importante, salvar su pellejo). Por ello, legalmente, estaba amparado o ignorado.
En tanto, luego del rechazo de los invasores ingleses, los habitantes todos, sin banderías definidas, anhelaban su reemplazo. Ante la pasividad del Cabildo, Alzaga presionó a un nuevo Cabildo, que luego de saber de la caída de Montevideo, hizo que la Audiencia, el obispo, los jefes militares, el Consulado, Liniers y conspicuos vecinos, le suspendieran, lo arrestaran y le remitieron detenido a la Banda Oriental.
Lo hallaron en principio en la posta de Durán, lo alojaron en la Casa de la Convalecencia (hoy Plaza de la Constitución y Hogar Rawson) donde estuvo hasta el 8 de noviembre de 1809, cuando Cisneros, lo envió a España. Después, el 12 de noviembre de 1813, la corte de Cádiz lo absolvió.

El Fernandista, que integraban los acérrimos defensores de Fernando VII. También sólo españoles.

La decisión revolucionaria, surgió tras la caída de la Junta de Sevilla. La corona española había creado en América, los virreynatos de Nueva España en 1534 y del Perú de 1544 y las capitanías de Yucatán de 1542 y Nueva Granada de 1564, transformados ante el avance portugués, en los virreynatos de Nueva Granada y en el virreynato del río de la Plata de 1776, con las capitanías de Chile, Cuba, Guatemala y Venezuela. Cada uno estaba fraccionado en gobernaciones y municipios. Las máximas autoridades de los mismos, residían allí.

D. Pedro de Cevallos, fue el primer virrey del río de la Plata, como representante de la corona en estas tierras. Los Cabildos eran la autoridad municipal y el poder judicial residía en la Audiencia.

El virreynato del río delaPlata, tenía 8 intendencias: La Paz, Cochabamba, Charcas, Potosí, Paraguay, Salta, Córdoba y Buenos Aires y 4 gobernadores subordinados, Montevideo, Chiquitos Misiones y Mixos.

El vocablo argentina, derivado del latín argentum, fue utilizado por primera vez por un escritor y poeta, Martín del Barco Centenera, en 1602, para designar a la zona próxima al río de la Plata. Mucho después, entre 1852 y 1880 fue conformado el nuevo Estado.

La ruptura revolucionaria, se inició en la pequeña aldehuela de Buenos Aires, venciendo algunos sus reparos personales y temores de hacerlo, por si hubiera oposición en las provincias. No obstante, adhirieron en éstas, José Moldes y Tomás de Allende en Córdoba, Francisco Borges en Santiago del Estero, Nicolás Laguna en Tucumán y Francisco de Gurruchaga, en Salta. Buenos Aires era el puerto natural, del ingreso y egreso, de bienes y contrabando de Europa. Tenía el muy fuerte antecedente, de su resistencia a dos invasiones inglesas, en 1806 y 1807. La mayor población, superior a 40mil, habitantes. Milicias superiores a los 10mil hombres. De las que participaban, un tercio de los pobladores aledaños a la ciudad. Este era el pueblo, tan negado por los historiógrafos, hoy ideologizados, que acompañó a la revolución. Y que se alineó para formar parte, con extremas precariedades, de los contingentes militares dirigidos hacia las provincias del norte.

Fue sin lugar a dudas, la fecha más importante de la historia patria. Por su significado local y la trascendencia de ello en los restantes ámbitos de las colonias hispanoamericanas. Incluso, por el contenido de las decisiones que adoptó, en lo inmediato. Desarrolladas en el plan de acción y concretadas en la Asamblea del año 1813. Menguar su contenido, (como se pretendido), cuando los hechos, la documentación, las cartas y escritos de varios de los integrantes, indican lo contrario, no reduce su trascendencia. No alcanzó a cumplir todos los objetivos que sus cabezas rectoras pretendieran. Belgrano, Castelli, Moreno, San Martín y otros. No obstante la Asamblea Constituyente del año 1813, fue notable y paradigmática en sus propuestas. No sólo para el lugar, sino para las otras revoluciones contra el imperio español de los años siguientes.

Las revoluciones del mundo, anteriores y posteriores, también tuvieron claroscuros. Si nos remitimos a la Francesa, anterior, fue un golpe al sistema feudal, dado por la burguesía. Tuvo el sostén intelectual más valioso de la historia contemporánea, pero no pudo evitar los años del terror. Y el fracaso, al llegar Napoleón y luego retornar los Borbones.

La norteamericana, se sostuvo como la nuestra en la miniburguesía y los disidentes religiosos, escapados de las persecusiones en su tierra de origen. La diferencias residen en que éstos fueron esclavistas, como los colonizadores, pretendían la destrucción del aborigen y ocupar los territorios no sólo de los mismos, sino los de las colonias hispánicas vecinas de américa del norte.

En la nuestra, fueron considerados iguales, Rosas y Roca. Sus panegiristas, se ocuparían luego de negarlo.

En el río de la Plata, los hijos de primera generación, lucharon contra los temores de ir contra sus mayores, sus padres. Sin embargo fueron muchos los ejemplos de españoles que vieron con buenos ojos la autonomía colonial. Incluso se destacaron en la porfía. Juan Antonio Alvarez de Arenales en el norte y en Alto Perú y Salvador Alberdi en Tucumán. Así como hubo criollos, como Goyeneche y obviamente españoles, que se opusieron.

Las posibilidades que se analizaron, daban por concluído al virrey, unos con régimen autónomo e independiente de España, otros con sólo cambios cosméticos en la organización económica, antimonopólica y una legislación con intervención y tutelaje inglés. La influencia de Francisco de Miranda, estaba latente.

Había no obstante, patriotas anglicanizados, españolizados, lusitanizados, partidarios en los comienzos de la infanta Carlota Joaquina, hermana de Fernando VII, como en España existían españoles afrancesados, a pesar de ser buenos españoles progre-liberales, luego de la invasión napoleónica, por el desmadre espantoso al que había llegado la corona, con la conducción de Godoy. A pesar de la existencia de Fernando VII.

Cierta historiografía, deforma, distorsiona y menoscaba lo acontecido y reduce la revolución a una élite porteña, que sólo pretendía lograr la libertad de mercado y alcanzar una ansiada alianza comercial con Inglaterra y un modelo de desarrollo europeo.

Si se analiza el plan de acción de Moreno; sumado a las pautas propiciadas y concretadas por Belgrano en el consulado, antes de la revolución; las de Castelli, sus escritos; los de Bernardo Monteagudo, comprobamos que los principios de la revolución francesa se aplicaron o intentaron desarrollar a ultranza. Lo esencial era la libertad. La igualdad, estaba presente en el citado plan de acción y en las decisiones de la Asamblea del año XIII (que incluía específicamente no sólo a los criollos, hijos de inmigrantes, sino también a los indígenas, nativos de la tierra). La fraternidad, la corroboran las expediciones libertadoras, que no plantearon nunca como objetivo, la conquista de territorios, sino la libertad de los pueblos hermanos. No obstante, fue una enorme frustración y pesadumbre, no alcanzar la anhelada constitución, unificadora de las Provincias Unidas, como tampoco, la sumatoria de derechos, equivalente a los propuestos por la revolución francesa en los derechos de hombre.

La llegada de San Martín, Alvear, Holmberg y otros, precipita la ruptura. Porque aquél, se acogió al retiro del ejército español, con el grado de coronel. Esto le acicateaba acelerar los tiempos de las decisiones locales. No aceptaba que pudieran, como intentaron algunos, (Marcó del Pont, que gobernaba Chile) tildarlo de traidor. Sin embargo no se puede negar la importancia de las trabas, inconvenientes y obstrucciones, guiadas por intereses personales y políticos locales, que fueron constantes, promovidas por los enemigos de la misma y amigos de continuar igual por razones económicas. Además, los gastos de la guerra, cuantiosos, desmesurados, entorpecieron el accionar colectivo, y la organización nacional, para facilitar el bienestar individual de unos pocos, de los caudillos locales y de los grandes terratenientes. En tanto, la sangre de los hijos de la revolución regaba los suelos de la patria, desmembrada, sin los territorios del Alto Perú y del Paraguay.

Distintos autores, José León Suárez entre ellos, explican que en la metrópoli, la constitución democrática del 1812, dictada al finalizar la guerra, convocaron a participar de ella a nativos de las provincias y no de las colonias.

Manuel Ugarte, afirmaba: Que la adhesión a España, de los vecinos del virreynato, había sido probada frente a los ingleses, rechazándolos. Si la guerra emancipadora se extendió fue por la obstinación de los unos por defender sus prebendas, por intereses personales y de los otros, por su incapacidad para resolver los inconvenientes que aparecían.

No se puede negar el anhelo de los habitantes del río de la Plata, de libertades económicas, políticas, religiosas y sociales, que los conservadores de la época negaban.

En verdad la propuesta de la Junta Central de Sevilla de enero y febrero de 1809, reemplazada por el Consejo de Regencia, se plasma en la formación de nuevas juntas populares, el 19 de abril en Caracas del mismo año,*, en mayo en Buenos Aires, el 14 de junio en Cartagena, el 20 de julio en Bogotá, el 16 de septiembre en Méjico, el 18 de mismo mes en Chile, en nombre del rey Fernando VII. *, fracasó meses después, luego de la caída de Puerto Cabello.

El temor del triunfo de Napoleón, y el envío de una expedición gigantesca, se rumoreaba de 20mil hombres, apresuraron las decisiones.

Las expediciones de Belgrano al Paraguay, que a pesar del fracaso bélico triunfa sobre las autoridades preexistentes. La de Castelli al Alto Perú, y los escritos del mismo Belgrano, Moreno, Castelli y Monteagudo, dicen lo contrario. Los posteriores de San Martín y Pueyrredón, son coincidentes.

No obstante, hubo partidismos. Los antiguos dueños del poder, miembros de la Audiencia, del Cabildo, algunos religiosos y las familias más poderosas, Santa Coloma, Altolaguirre, Martínez de Hoz, Beláustegui, Sáenz Valiente, Ocampo, Ezcurra, Lezica, etc. También los jefes militares, Cornelio Saavedra, Domingo French, Antonio Luis Beruti, Agustín Donado.

Los adherentes al ideario del libre comercio, relacionados con la revolución francesa. Fueron criollos y españoles, abogados, como Moreno, Castelli, Paso, Monteagudo, Belgrano, médicos como Argerich, los religiosos, Grela y Aparicio, etc.

La nueva y la antigua burguesía, vinculada al contrabando, criollos y españoles, los hermanos Rodríguez Peña, Miguel Padilla, Riglos, Aguirre, Sarratea, Escalada y los británicos Craig, Gowland, Twaites, Dillon, Mackinnon, Armstrong, Robertson, Miller, Parish, O’ Gorman, Wilde, Lynch, Ramsay y otros, autorizados por el virrey saliente.

En Buenos Aires comienzan a actuar a modo de “patota”, grupos de choque, la “legión infernal” que armados de arcabuces, pistolones, (armas de chispa), por eso también “chisperos” y puñales. Son unos pocos centenares, unos 600, que responden a las órdenes de DomingoFrench y de Antonio Luis Beruti, que seleccionan a los vecinos que pretendían acercarse a la plaza mayor, para dar lugar a los adictos. Que eran favorables a la ruptura, que no aceptaban al ex virrey, pero que terminaron aceptando a Saavedra y a dos españoles Larrea y Matheu, vinculados al contrabando.

La presión popular hace factible un cabildo abierto el 22 de mayo. El mismo se reúne. Se imprimen 650 invitaciones (que hace Agustín Donado), de las que sólo se entregan 450, y asisten 251. Según Cisneros, (un marino brillante, héroe en Trafalgar, que le dejó como secuela de guerra una sordera espantosa), por el temor de la gente, al ver tantas personas armadas y cubiertas con sus abrigos, capotes. En realidad Donado, se ocupó especialmente de la selección y la asistencia de los no habituales, los artesanos, criollos, adherentes.

Los resultados de la deliberaciones, muestran la designación de una nueva junta, urdida por el síndico Leiva, que incluye a Saavedra y Castelli por los rebeldes, al sacerdote Sola y a un comerciante Incháurregui, que sostiene a Cisneros.

Los hechos que siguen, no están claros. Si fue Leiva, quién informa a los jefes de milicias (y los premia con un reloj y dinero). Si fue Martín Rodríguez, segundo jefe de Patricios, quién denuncia en la noche los resultados de las deliberaciones, donde recibe la contrariedad de las milicias y los “chisperos” con los designados. Lo cierto es que al día siguiente, la reacción popular muestra unidos a los descontentos, entre ellos a Mariano Moreno, Pancho Planes, Dupuy, Beruti, Donado, Cardozo, French, Orma y los sacerdotes, Grela y Aparicio.

El 24, a la 15 horas, tras jurar asume la nueva Junta, que sostiene a Cisneros. Pero la reacción popular contraria de las gentes, encabezadas por Moreno y Aparicio, determinan su cese inmediata, a manos del Cabildo.

Leiva con distintas dilaciones intentó resistir, exigiendo la opinión de los jefes militares y luego la participación de los restantes asistentes y los reunidos en las afueras del cabildo.

Pero la “legión”no vaciló e impuso la lista que le entregaran French y Beruti, que agregaban al pie, a modo de firma, por mi y en nombre de 600 más. Leiva sorprendido, estupefacto, atinó a preguntar, ¨¿Dónde está el pueblo?”. Le respondieron los gritos, que llegaban desde la plaza: “El pueblo exige saber qué se trata”.

Esto desmadró la situación y algunos exaltados invadieron la Sala Capitular. Así cayó el virrey Cisneros y asumió la Primera Junta Patria.

Los objetivos revolucionarios respondieron al plan atribuido a Mariano Moreno, que coincide sugestivamente en sus dichos y cartas anteriores y decisiones posteriores con otras de Castelli, Belgrano y Monteagudo. Se trata de un proyecto democrático, antiabsolutista, libertario, generado por la pequeña burguesía, como en la revolución francesa, equivalente al propuesto en España por la Junta de Sevilla.

Esta última, es efímera, porque muy pronto, regresan los Borbones.

La nuestra, sufre la presión de los comerciantes, que apoyaban el contrabando con Inglaterra. No obstante, su propuesta revoluciona a la América del sur. Más aún cuando dispone ir al Paraguay y al Alto Perú, con infinitas precariedades.

En lo económico y político gesta las ideas institucionales esenciales, locales. Que incluso trasladó en su ideario a las otras regiones que visita. Que quedan conceptualmente expresadas en la Asamblea General Constituyente del ano 1813.

El plan denostado, descalificado, de la peor manera, por historiógrafos del peor nivel, aduladores del poder de turno, felpudos del mismo, *, supo ser en el tiempo, el proyecto rector del accionar de libertad, enfatizado por los países de América del sur. Ignoran, desconocen, la existencia de documentos, cartas de aquéllos, que corroboran lo afirmado. Es obvio que la muerte de Moreno, en alta mar, cuando viajaba junto a su hermano Manuel y Tomás Guido a Europa, a cumplir gestiones diplomáticas, como la salida al frente de las milicias, de Belgrano, al Paraguay y de Castelli, al interior y Alto Perú, vació de contenido e ideas al gobierno. Fueron demasiado pequeños los esfuerzos de Alberti y Paso, para contener a los restantes. Los dos españoles vivían del contrabando y Saavedra, con sus resentimientos, socavaron su accionar. La formación de la Junta Grande, si bien aportó la valiosa presencia de delegados provinciales, también incluyó pusilanimidad, distintos intereses, conflictos locales, temores e inacción. Se orientó no obstante, contra el absolutismo, fomentó pautas económicas relacionadas con Ricardo, Adam Smith, Stuart Mill. Que insistían en la lucha contra el poder feudal.

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Juan es obrero, trabaja en producción, 12 horas corridas, con un descanso para comer de treinta minutos y otro igual, para descansar, lleva 21 años en su tarea, tiene tres hijos adolescentes...
 
El mundo se ha escandalizado, por la existencia de pobreza en la Argentina. Lo han expresado sucesivamente, conspícuos personajes. El papa, Benedicto XVI y el premio Nóbel de economía, Amartya Sen...
 
Las temperaturas altas, sostenidas en el tiempo, sobre todo las mínimas, mayores a 25° C, pueden producir excesivas pérdidas de líquidos y sales por transpiración, perspiración insensible, etc.
 
Informe en relación a la epidemia de Dengue sufrida por Argentina durante el año 2009.
 
Cuando nace en 1778, el Virreynato del río de la Plata, los vecinos de la ciudad de Buenos Aires, se asistían de sus dolencias en privado. Con el médico de su elección, formado en España. Luego, unos pocos, en Inglaterra y Francia...
 
Distintos cronistas, opinan sobre la Revolución de mayo. No son ni han sido, investigadores, más bien historiógrafos, o seudo historiadores, devenidos en exitosos escritores, porque sus obras y colaboraciones son un híbrido de novela histórica.
 
Las ideas de libertad, en los residentes de la aldehuela de Santa María de los Buenos Aires, por el mayor flujo de las comunicaciones y el conocimiento, hacia el final del siglo XVII.
 
Copia de la Proclama Nro. 31 del 27 de agosto de 1806.
 
Desde la década del 90, desde la cúpula del poder se ha insistido, en hacer creer a la población, que la República Argentina era y es un país institucionalmente desarrollado, consolidado económicamente...
 
La búsqueda de la verdad ha sido y es un tema recurrente, que han debatido los filósofos frecuentemente, en el mundo occidental, desde cinco siglos antes de Cristo.
 
Banner Ateneo del tango
 
El apellido proviene de la región de Asturias, antiguo principado del norte de España, perteneciente al reino de León, hoy comunidad autonómica, frente al mar Cantábrico. El origen del mismo es local, deriva del latín ...
 
El Ateneo es un ámbito sin jerarquías, ni otros estamentos y reglamentos que la factibilidad (posibilidad) de participar, proponer, discutir, temas de tango. Esto significa que cada uno que lo propicie o lo desee, podrá ser, uno más, podrá pertenecer, formar parte, de un grupo de iniciados en el estudio y la investigación del Tango.
Situados en una "patria de almas" de un país donde los ensueños, las raíces, las fantasías y lo impensado es accesible, situado en el Café Tortoni. Los límites serán los del recíproco respeto.
Las reuniones del Ateneo se realizan los viernes a las 16 horas en el Café Tortoni.
 
El Ateneo es un ámbito sin jerarquías, ni otros estamentos y reglamentos que la factibilidad (posibilidad) de participar, proponer, discutir, temas de tango. Esto significa que cada uno que lo propicie o lo desee, podrá ser, uno más, podrá pertenecer, formar parte, de un grupo de iniciados en el estudio y la investigación del Tango.
Situados en una "patria de almas" de un país donde los ensueños, las raíces, las fantasías y lo impensado es accesible, situado en el Café Tortoni. Los límites serán los del recíproco respeto.
Las reuniones del Ateneo se realizan los viernes a las 16 horas en el Café Tortoni.
 
flecha naranja La Mujer, motivo de inspiración e intérprete del tango
Dentro del programa de actividades organizado por la Academia del Tango de la República Oriental del Uruguay que se lleva a cabo durante el año 2006, el Dr. Santabaya se presentará con una disertación sobre La Mujer, motivo de inspiración e intérprete del tango.
La presentación se llevará a cabo el segundo Martes de Octubre en el salón del piso 13, del Centro Militar de Montevideo.
La entrada será libre y las disertaciones comenzarán a las 19:45 hs.
 
flecha naranja Archivo 2007
 
flecha naranja Archivo 2006
 
flecha naranja Archivo 2005
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